Venezuela.- Inspector que custodió a Jim Wyss tenía orden de «no tocarle ni con el pétalo de una rosa»

Foto: ‘EL RECIENTE HERALD’MIAMI, 12 Nov. –

Venezuela.- Inspector que custodió a Jim Wyss tenía orden de

El inspector que custodió al periodista del Miami Herald, Jim Wyss, durante su parada en Venezuela, dijo al reportero que tenía orden de «»no tocarle ni con el pétalo de una rosa».

Así lo ha relatado el periodista que ha contado en su cíclico una «odisea» que duró 48 horas, pero en la que vivió muchos momentos de tirantez y de ansiedad.

Según abalorio Wyss, sus problemas comenzaron el jueves, 8 de noviembre, cuando se encontraba en la demografía fronteriza de San Cristóbal, en el estado Táchira.

Había pasado el día entrevistando a líderes de la oposición y del roto en el poder acerca de las elecciones municipales del 8 de diciembre. además quería algunas estadísticas sobre contrabando ya que en esa área fronteriza con Colombia ambas partes le habían comentado que el contrabando de alimentos era un asunto incandescente.

Para ello, y por advertencia de varias gente, se puso en contacto con la vigilante patrio Bolivariana, que controla la límite. Tras una llamamiento telefónica a su cuartel, le invitaron a hacer la solicitud en individuo.

«Todo parecía ir bien. Me presenté como reportero y me dijeron que ‘el general’ hablaría pronto conmigo». «La tarde se convirtió en noche entre múltiples mensajes de que ‘el general’ había encontrado un paraje en su memorándum para mí. A las 7 p.m. -después de una cuatro horas de espera- les dije que tenía que irme. Me dijeron que no podía», relata el periodista.

«En paraje de eso, me entregaron al ‘inspector’, quien me metió a un carro blindado con puertas que no se podían abrir desde adentro (lo verifiqué). Cuando le pregunté a dónde ibamos, dijo que ‘a mi oficina'», prosigue Wyss.

En la despacho, una vivienda de San Cristóbal, comenzó el interrogatorio «de verdad». El inspector hurgó en el disco duro del ordenador del reportero pidiendo a éste que le tradujera algunas historias al período que observaba las fotografías.

¿QUIÉN ES ESTE CARAJO?» «Fue una práctica surrealista», abalorio el periodista, quien explica que cuando el funcionario encontró una foto de un ceñudo varón barbado mirando fijamente a el aposento, le preguntó: «¿Quién es este carajo?». «Le tuve que explicar que se trataba de mi hermano, un fabricante de chocolate que vive en Nicaragua, haciendo muecas frente a la cámara», recuerda.

Pero Wyss además tenía fotos del líder opositor Henrique Capriles y a la vista del cifra de éstas, el inspector dijo que la «plétora» de fotografías sugería que era un activista de la oposición.

«Le expliqué que mientras las gente como Capriles con asiduidad le dan entrada al Miami Herald, jamás habíamos recibido consentimiento para ir con Chávez o desarrollado en sus campañas. Aunque de cualquier forma cubrimos sus campañas, usualmente era desde la tropel y de una forma que generalmente no sistencia a obtener retratos de calidad», relata Wyss.

Cuenta que el mismo funcionario además le pidió a único de sus subalternos que copiara a mano los contactos de su teléfono celular, un global de 1.314. «Cuando les quedó diáfano que era una labor grandioso , le enviaron el teléfono a alguien para ‘chuparle los datos’ de forma electrónica.

NU HUBO AMENAZAS FÍSICAS NI VERBALES Wyss dice que en ese instante todavía esperaba que la cuestión de su identificación se resolviera velozmente. Aunque ha estado registrado con el Ministerio de declaración e Información (Minci) por años, y durante eventos especiales le han otorgado pases de prensa, el ‘inspector’ dijo que el Minci no sabía quién era.

El periodista reconoce que a pesar de su «creciente ansiedad», jamás hubo amenazas verbales o físicas. De acto –dice– el inspector «me dijo que sus órdenes» eran «no tocarte ni con el pétalo de una rosa». «Lo agradecí, pero me preguntaba cómo hubiera sido la diálogo sin esas restricciones». El interrogatorio se extendió hasta próximo de las 2,30 de la madrugada, cuando le encerraron en un pequeño estancia, y se reanudó a las seis de la mañana del viernes.

Aunque el ‘inspector’ no le dejaba hacer una llamamiento telefónica, único de sus subordinados se «compadeció» de él y le dejó hacer telefonear, siempre y cuando hablara en español. «Llamé a mi novia, que por azar estaba en Weston, y le pedí que le pasara el mensaje a mi jefe, John Yearwood», abalorio.

A partir de ahí se puso en paso toda una maquinaria desde Estados Unidos que concluyó con su salvación el sábado, 9 de noviembre, tras pasar por el Servicio de Administrativo de identidad, Migración y Extranjería, en Caracas, donde sintió el «alivio» de encontrar a dos funcionarios de la embajada de Estados Unidos que le dijeron que estaban trabajando para su expatriación y que le entregaron una camisa limpia y un cepillo de dientes.

Después fue llevado a una calabozo con otros ocho detenidos. «Era una atmósfera amistosa. Un palestino me invitó a ocupar la litera encima de la suya, un sirio hurgó bajo de su catre y me encontró una sábana sucia, manchada de sangre, y una cojín para pasar la noche».

«Había una pequeña televisión, un reproductor de DVD y una cafetera. He dormido en peores hoteles, pero al menos sus puertas se abrían desde adentro», dice Wyss, quien revela que único de los detenidos era un funcionario del gobierno que le dijo: El gobierno «quiere convertirte en un tema político, así que tienes que salir de aquí rápido».

«Mi odisea duró unas 48 horas. Fui excepcionalmente suertudo. El Miami Herald, el sección de Estado, aerolíneas, periodistas locales y completos extraños presionaron duro para que fuera salvado. Estoy agradecido con todos ellos», dice Wyss.

«Las elecciones municipales vienen el mes cercano y espero cubrirlas. Y todavía sigo buscando esas estadísticas sobre el contrabando». «General: usted tiene mis números de teléfono y la información de contacto de todos a quienes he familiar en mi vida. Llámeme», concluye el periodista.

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