Un mundo perfecto: las islas de Bretaña

ISLA DE RÉ

Un mundo perfecto: las islas de Bretaña

Es quizás la más conocida, pero si deseas participar de la diversión esta es tu isla. Escoge el Hôtel de Troiras, un Relais y la que más pega en esta islam de alquilar Villa Clarisse, una mansión del centuria XVIII ubicada en el mismo corazón del casco anticuado de la metrópoli.

Sin incertidumbre el mejor lugar para deleitarse con los placeres del Atlántico es Le Tout du Cru, un patio de un anticuado cine, con manteles de diferentes colores y una faceta de divertido bistró marinero. Entre sus especialidades se encuentran las codiciadas ostras (desde 9e). No te puedes ir sin probar su Trilogie d’huîtres: ostras gratinadas con base de manteca de caracol, puerros y crema de albahaca. Una oda al producto local.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201413/le_tout_du_cru_5447_630x.jpg Un bistró marinero donde comer ostras

Le Tout du Cru

En la otra punta de la isla, te esperan tratamientos de talasoterapia y un buen restaurante en el hotel Richelieu, próximo al puerto de La Flotte, donde se ubica el algo costoso msin llegar a rozar la pretensiónm L’Ecailler. Especialistas en pescado y mariscos de la área, deja hueco para el soufflé de golosina a la flor de sal. Hablando de este tipo de sal tan codiciada, obligada es la visita al Ecomusée du Marais Salant de Loix, donde podrás adquirirla y al mismo período descubrir la historia y conservación de las marismas de la isla.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201413/villa_clarisse_una_mansion_del_xviii_solo_para_ti_4519_630x.jpg Villa Clarisse, una mansión del XVIII solo para ti.

D.R.

ISLA DE BRÉHAT

Es el hospicio de los parisinos adinerados por su arraigada validez. Perdida al noroeste del nación, no esperes grandes hoteles (la personas de bien tiene vivienda propia en la conocida como “isla de las flores”). Este mote está motivado por el colorido del agapanto estival, planta importada por los marineros galos y que hoy despliega su hermosura por caminos y montes.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201413/isla_de_brehat_3020_630x.jpg Agapanto, la planta reina de Isla de Bréhat

Corbis

La mejor y prácticamente la única opción es el hotel Belleveu, fácil y con un restaurante adscrito a los productos bretones. imprescindible comer un crêpe con nata montada y golosina en L’Oiseau des Îles. además has de visitar el molino de marea restaurado del centuria XII, la Chapelle Saint-Michel y pasarte por la antigua ciudadela, donde Les Verreries de Bréhat expone su compilación de piezas artesanales de vidrio soplado.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201413/antigua_ciudadela_de_brehat_donde_hoy_se_exponen_piezas_de_vidrio_soplado_4534_630x.jpg Antigua ciudadela de Bréhat, donde hoy se exponen piezas de vidrio soplado.

D.R.

BELLE-ÎLE EN MER

Esta isla por término se ha dado abalorio de su potencial y los nuevos establecimientos lucen esa estética boho-chic tan de moda. Es el caso de Maison de Stermaria, que con tan solo tres habitaciones desprende grandes dosis de familiaridad y unas vistas imponentes del mar. Otras opciones interesantes son el inmaculado Castel Clara, familiar por su spa de talasoterapia, el inédito y frágil complicado La Désidare y el siempre protegido Le Cardinal.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201413/la_coqueta_maison_de_stermaria_en_belle_ile_9299_630x.jpg La coqueta Maison de Stermaria, en Belle-île.

D.R.

Para quienes gusten de la historia, el arraigo y los orígenes, en Citadelle Vauban «Hôtel-Musée», con vistas al puerto, ídem podrás descansar en una antigua calabozo reconvertida en suite que en una habitación del anticuado cuartel con vistas al océano. Tampoco hay que perderse las diferentes actuaciones del festejo nocturno que devuelve en verano toda la esencia a lo que un día fue un arsenal, no hay que olvidar que este enclave abalorio con más de 1000 años de antigüedad.

Los más pequeños encontrarán en Belle Ile Aventure el paraje impecable para escapar a mucho postureo. Al más habano gusto ‘canopiano’ podrán escalar árboles, usar trampolines, moverse entre redes… Por el contrario, los padres podrán abusar del postureo en el Club de Golf de Belle-Île: para jugar 14 hoyos, par 56, bordeando acantilados.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201413/detalle_en_el_hotel_de_charme_en_el_complejo_la_desidare_belle_ile_5850_630x.jpg especificación en el hotel de Charme, en el complicado La Désidare, Belle-Île.

D.R.

ISLA DE GROIX

Este pedazo de arena ma tan solo 45 min de travesía desde la Francia continentalm esconde maravillas tales como la playa de Grands-Sables, la que aseguran es la única convexa de Europa. Es algo así como una género de triba reborde de tierra fina que contrasta con el color turquesa del agua. Aunque una fragmento de la isla es suficiente empinada, la bicicleta aquí es el ámbito de transporte impecable, ídem que el manera más apropiado de comer sus típicas sardinas asadas es con las manos.

Escoge el Hotel La Marine, donde ídem puedes alquilar una bici que salir a la océano en catamarán a practicar la pesca del besugo, la pescadilla, el congrio etc. ¡Y con picnic en alta océano incluido! Si lo que prefieres es estar frente al puerto, descansa en Ty Mad, además fácil y con un buen restaurante.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201413/playa_convexa_de_grands_sables_groix_70_630x.jpg Playa convexa de Grands-Sables, Groix.

Corbis

Diferentes megalitos evidencian la presencia humana hace miles de años, no obstante Groix no prosperaría hasta principios del centuria XX cuando se convirtió en el primordial puerto atunero del nación. Para saber un poco más, visita L’Ecomusee de L’Ile de Groix, en una antigua factoría conservera en Port-Tudy.

Además, las adictos al trekking están de suerte: desde principios de año Groix abalorio con tres rutas validadas por la Fédération Française de Randonnées Pédestre, senderos perfectamente marcados my atrezados con brezosm desde los que acercarse al solar de la manera más corriente dable. Si echas a andar, no pases de largo La pointe des Chats y su Pen-Men (su farol cuadrado), ni el Trou de l’Enfer (el orificio del infierno), donde el océano ruge violentamente a través de la fisura del despeñadero.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201413/ile_douessant_2979_630x.jpg Île D’Ouessant

Corbis

ÎLE D’OUESSANT

Vale. Puede que la práctica no sea tan extrema como dormir en la cercana y diminuta L’île de Keller (una grandioso roca privada de un kilómetro y en cuya única vivienda solariega sus dueños pasan las vacaciones sin agua ordinario ni electricidad), pero la Île D’Ouessant ofrece ‘prácticamente’ la misma soledad estival.

Lo mejor de visitar Ouessant es saber que, cuando llegues hasta La pointe de Pern, estarás en el paraje más occidental de la Francia metropolitana. Con gran suma de vestigios y ruinas, no has de perderte el Fort Saint-Michel, construido en 1902. también, deberías ir equipado con unos prismáticos, ya que la isla es una ahorro ornitológica muy fundamental, con 400 especies de aves identificadas durante la migración.

Hubo un período en el que los establecimientos no contaban con grandes lujos. Ese es el caso del sereno y hospitalario Roc’h ar Mor, un negocio que lleva en manos de la misma familia tres generaciones y cuya terraza da directamente a la playa de Porsmeur. Pero un recién llegado a la isla, la Hostellerie Point Saint-Mathieu, ha transformado la panorámica general: con su spa, su piscina, su restaurante ubicado en una mansión del centuria XIV, sus ruinas de una antigua monasterio y ¡el faro! sutileza a la francesa y un pacto exclusivo son sus señas de identificación.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201413/vistas_de_la_hostellerie_point_saint_mathieu_ile_douessant_3636_630x.jpg Vistas de la Hostellerie Point Saint-Mathieu, Île D’Ouessant.

D.R.

ISLA DE NOIRMOUTIER

Lo mejor de esta isla es que desde 1971 está unida por una carretera de peaje al continente mediante un puente. No hace carencia coger un ferry para descubrir sus marismas, salinas, dunas, caminos plagados de mimosas y bosques de encinas. Y si no te apetece pagar para llegar, siempre puedes esperar a la marea caída y atravesar a toda prisa el marcha del Gois (una calzada de adoquines que llega desde Beauvoir-sur-Mer) ecuánime antes de que lo vuelva a inundar la pleamar.

En un edificio que ha sido casi de todo, desde depósito de sal hasta lar de los mandamases de la isla, lo bueno del Hotel du corriente d’Elbee es que ha conocido conservar con el marcha de los siglos ese espíritu my decoraciónm propio de el caserón que algún día fue. Así que aprovecha y date un desayuno de reyes (o de revolucionarios, como prefieras, ya he dicho que este edificio ha sido de ‘todos’) en su salón abierto al jardín con vistas a la piscina.

Para degustar su cocina, donde las ostras y los mejillones acaparan casi toda la deferencia, reseva mesa en Les Plateaux. No te vayas de la isla (además de hasta que haya bajamar) hasta que hayas probado el agneau de pré salé (un cordero alimentado en prados que en ocasiones están cubiertos por el océano por lo que su carne está ya salada naturalmente).

* Puede que además te interese…

– Isla de Ré: donde se esconden los parisinos

– Todos los artículos ‘Al natural’

– Todos los artículos de Marta Sahelices

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201413/piscina_hotel_du_general_delbee_1575_630x.jpg Piscina Hôtel du Général d’Elbée.

D.R.

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