Un anhelo llamado tranvía

Madrid. Enero de 1951. El tren eléctrico del Guadarrama está detenido en medio de la calle. La nevada de ese día ha derretido único de los motores a la cota de la estación de Siete Picos, a unos seis kilómetros del Puerto de Navacerrada donde finaliza el recorrido. La mayoría de los viajeros que están atrapados son trabajadores: sherpas, albañiles o carpinteros como Pedro Herranz. El muchacho, de 21 años, no se lo piensa. Se caída. Mira de frente a la Sierra madrileña. Se levanta la chaqueta. Se frota las manos. Y se adentra finalmente en la espesa niebla para continuar a pie el residuo del recorrido. Al verle, sus compañeros siguen sus huellas. No hay muchas más opciones; los obreros segovianos encargados de quitar la nieve no llegarán hasta pasadas unas cuantas horas.

Un anhelo llamado tranvía

?Era eso o morirnos de frío en el vagón. Pero en aquella periodo teníamos buenas piernas?, evoca Pedro, apoyado sobre su bastón, 62 años después de aquella heroica caminata. Ahora tiene 83. El período, sin decomiso, no ha enfriado su relación con ese tren. ?Entonces estaba de ayudante en la edificación del hotel Peñalara, ahí en el Puerto de Navacerrada. Me llevaba 10 duros todos los días; si me hubiera quedado detenido, ese día no habría cobrado. Créame, ese tranvía ha socorrido muchos jornales?.

Técnicamente, aquellos intrépidos pasajeros partieron de un tren eléctrico de calle estrecha y no de un tranvía. El eléctrico de Guadarrama, como se le conoce, funciona desde hace 90 años y pertenece a la fila C-9 de Cercanías. El recorrido, casi un centuria después, ha variado: continúa saliendo desde Cercedilla, donde Pedro y sus compañeros se subieron aquel día, pero ahora llega hasta el Puerto de Cotos, en el fin municipal de Segovia (Castilla y León). Su empleo además es más turístico. Aquellos profesionales son hoy, en su inmensa mayoría, esquiadores y senderistas al abrigo de la ladera meridional de la Sierra del Guadarrama, donde el fragancia de los pinos encharca los pulmones. El paisaje, tantas décadas después, continúa siendo el mismo. Pero la asiduidad con que los pasajeros disfrutan de esas vistas se ha visto, eso sí, reducida en los últimos años.

ampliar fotoAndén del tren de la fila C-9 de Cercanías. / CARLOS ROSILLO

Hay cuatro trenes al día mientras que hace dos años salía único cada hora, según afirman varios trabajadores de esa fila. El valor del billete de ida además se ha incrementado ?de 6,20 a 8,40 euros-, también de suprimirse ocho paradas intermedias como el andén de la colonia de Camorritos; hoy solitario y ámbito derruido.

Ante este panorama, la Asociación de Amigos del Guadarrama teme que La compañia ferroviaria Española Renfe deje caer en el olvido la recuerdo viva de esa fila de 18,100 kilómetros (seis kilómetros y 200 metros de ella en región castellano leonés). Su presidente, Antonio Sáenz de Miera, lleva próximo de dos meses recogiendo firmas en la plataforma de activismo Change.org para que se recupere su estatus previo. En el horizonte de su iniciativa está además el Parque patrio de Guadarrama. Y más concretamente la posibilidad de que este tren recupere la detención de Siete Picos y pueda, así, desembocar en el interior de este ambiente corriente de 33.960 hectáreas, de las que 21.714 pertenecen a la Comunidad de Madrid y 12.246 a Castilla y León. ?El fomento del empleo del tranvía podría contribuir a paliar el dificultad que supone la llegada de miles de vehículos al Parque, que se ha visto aumentada tras su estudio patrio?. Sáenz de Miera solicita, igualmente, la creación de una sucesión de senderos peatonales entre esas estaciones que pide recuperar.

Desde La compañia ferroviaria Española Renfe argumentan que la asiduidad de ese tren se ha adaptado a la petición. Y que en período de invierno y Semana Santa se refuerza. Los apeaderos son ?facultativos?. Aunque la fila, aseguran, no corre ningún riesgo de desaparición: ?Es el llamado tren de la calaña y se fomenta mediante diferentes actividades lúdicas y de recreo?.

Sobre la propuesta de la Asociación de Amigos del Guadarrama, La compañia ferroviaria Española Renfe no se aventura: ?En comienzo, llega hasta Cotos pero en el interior de un año no se sabe qué pasará?.

Pese a sus 90 años, el eléctrico sigue teniendo las mismas piernas. Con una pendiente del 6%, ha superado todas las nevadas y averías posibles. La Sierra, casi un centuria después, continúa ululando a su marcha.

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