Temor en Líbano a los ataques suicidas de Al Qaida

Martes 19 de noviembre, 9.50 de la mañana. Mouin Abou Dahr y Adnan Mousa Mohammad, ambos de 19 años y seguidores de un cacique árabe drástico salafista libanés, se inmolan frente a la inicio de la embajada de Irán en Beirut después de haber pasado la noche en el ostentoso hotel Sheraton Four Seasons. De acuerdo con los investigadores libaneses, los dos terroristas se dirigieron hacia la embajada iraní, situada en un acomodado barrio de mayoría chií, conduciendo un Chevrolet TrailBlazer robado. Las cámaras de certeza muestran como único de ellos desciende del vehículo y detona un cinturón con cinco kilos de explosivos en las puertas del espacio. Apenas dos minutos después y a escasos metros del edificio vuela por los aires el coche con el segundo suicida a bordo.

Según los analistas, el ofensiva, en la fila de muchos de los perpetrados por Al-Qaida en Iraq, buscaba que con la primera explosión se rompieran los muros del finca permitiendo así que el vehículo, con una potente carga de 50 kilos de explosivos, penetrara en la embajada y explosionara en el interior de ella. La fortuito aparición de un camión de agua, que se interpuso en la senda del coche bomba, impidió el entrada del Chevrolet y una masacre mayor. El ulterior recuento de víctimas arrojaba, a pesar de todo, la número de 29 muertos, entre ellos el agregado cultural de la embajada iraní y cuatro guardias, y más de 150 heridos.

¿Iraquización del Líbano?Pocos han dado credibilidad a las acusaciones del embajador de Irán en Beirut, Ghazanfar Roknabadi, quien velozmente señaló a Israel como autor de la brutal agresión. La sospechas se encaminan más bien hacia grupos radicales suníes vinculados a Al Qaida, -uno de ellos se atribuyó precisamente el atentado en Twitter-, y que responderían de esta forma a la participación de Hizbolá y Teherán en Siria apoyando al presidente Bashar al Assad.

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