?Techno? para cavernícolas

Los cinco miembros de la cinta electrónica Crystal Fighters, penúltima impresión de la música británica, toman asiento en un salón de un hotel de San Sebastián. Es jueves por la mañana y estaban aquí para presentar ante los medios el concierto que unas horas más tarde iban a protagonizar en las cuevas de Zugarramurdi, ubicadas a ámbito kilómetro metro de la localidad del pirineo navarro del mismo nombre, famosas por servir de escenario desde hace más 400 años a fiestas paganas, por ente aún único de esos lugares para los que se inventó lo del marco incomparable y por haber embelesado a Alex de la Iglesia, que se dispone a estrenar Las brujas de Zugarramurdi, sobre los aquelarres celebrados desde siempre en este aldea de 200 habitantes, tan impecable en su validez que casi parece un escenografía.

?Techno? para cavernícolas

Lo que hicieron Crystal Fighters esa noche revistió ciertas aspiraciones de ritual: el concierto se celebró en una grandioso caverna ante 300 selectos fans de la cinta (y todos los lugareños que se animaron) y fue retransmitido por Internet para todo el mundo. La base del repertorio fueron sus dos álbumes hasta la fecha: Star of love ?ejercicio de techno de aires psicodélicos y folklore euskaldún cuyo hilo conductor era una ópera inacabada que escribió el abuelo vasco de Laura, exmiembro del combo? y Cave rave, un labor próximo al pop electrónico más día de fiesta en el que las letanías fueron sustituidas por canciones.

Los asistentes llegaron de San Sebastián en autobús para, una vez caduco el concierto, regresar a la metrópoli, donde les esperaba una jarana en la que pinchó minimal techno el hermano del cantante, Sebastian Pringle, el tipo que se pasó la mañana del jueves respondiendo a una pregunta atrás de otra sobre la relación su cinta con la erudición vasca. El derivación de la conferencia de prensa fue algo similitud a un anticlímax, en el que cada contestación cortésmente enunciada termina con algo similitud a un Macguffin. ¿De dónde proviene su inclinación por las cuevas? Treinta segundos de discurso cernaía de cómo la jarana de esta noche es una manera de cerrar un círculo para, al desenlace, soltar: ?Bueno, vi unas fotos por Internet?. ¿Es Cave Rave, certificado del disco, que se puede traducir por jarana en la caverna, una alusión a Zugarramurdi? ?Cave rave es, sobre todo, es una bonita rima, ¿no??.

Aunque los puristas puedan acusarles de tocar la txalaparta incumpliendo único, dos o hasta todos los preceptos básicos del aparato clásico vasco (tocar en pareja, sobre unas tablas, no coger los bastones como si fueran baquetas de una batería), lo verdad es que el conocimiento de Pringle sobre el herencia de la movida o del rock radikal vasco es casi enciclopédico. ?Es complejo?, dirá después el cantante en la terraza del hotel. ?Cuando estamos fuera hablamos con campechanía de la influencia vasca y de lo tanto que amamos esta arena, pero aquí hay que ente más cuidadosos?.

ampliar fotoSebastian Pringle, cantante de Crystal Fighters, en las cuevas de Zagarramurdi. / JESUS DIGES(EFE)

Tiene una faceta deplorable, como los demás miembros del categoría. Ayer llegaron a las cuevas para probar ruido a las dos y media de la madrugada y no terminaron hasta las cinco. Antes de atender a los demás medios, Pringle aprovecha para recordarnos que ?uno monta un categoría para poder hacer cosas como la de esta noche. Sin eventos así es complejo separarse de la masa. Hay mucha personas haciendo muy buena música ahí fuera, pero solo una cinta que actuará en una caverna?.

La tarde en Zugarramurdi transcurre entre txalapartas y una breve cuarto en la iglesia para comprobar la calaña pagana de la villa: en capilla hay quien no se quita la gorra y otros comen bocadillos de chorizo.

Los primeros en saltar al escenario son los pamplonicas Wilhelm & The Dancing Animals, junto a los vascos Belako, bandas locales que los británicos han elegido como teloneros. Tras ellos, otra espectáculo de txalaparta, esta más hormonal. No por nada, único de los dos protagonistas es un exMister Guipúzcoa. Cae el sol y las paredes de la caverna se tiñen del verde del bosque y el azul del riachuelo que recorre la caverna con una pequeña sistencia de unas mangueras. Unos niños del aldea se han acto con ellas y se dedican a regar a los fans de Crystal Fighters. ?La noción es que el aldea se involucre en esto, que sea fragmento del evento?, apunta Sergio Cruzado, de la promotora que ha organizado el evento. además es la responsable del Kutxa Kultur, un festejo que tendrá paraje el 6 y 7 de septiembre en el Parque de Atracciones del Monte Igeldo y en el que, también de Crystal Fighters, actuarán ante 5.500 gente Dinosaur Jr. o Damien Jurado. ?Lo hemos montado todo en dos días, siendo lo menos intrusivos dable en la vida del aldea. El pacto humano es trascendental para poder llevar a cuerda un evento así?.

Son casi las once de la noche cuando saltan al escenario Crystal Fighters. Será casi hora y media de concierto, un repaso exhaustivo de sus dos álbumes, con momentos de comunión catártica pagana con sus fieles y giro a San Sebastián. Antes, la última en un local en la plaza de Zugarramurdi. ?¿Qué tal ha estado el concierto??, pregunta una de las encargadas. Se lo explicamos y preguntamos: ¿No les molesta tanta personas? ?¡Qué va! Ha sido genial. tanto mejor vosotros que los turistas franceses. Por nosotros podría pasar cada año?.

ampliar fotoLos miembros de la cinta británica Crystal Fighters. / GORKA ESTRADA(EFE)

Pues eso es idénticamente lo que va a ocurrir. Tras el éxito, Crystal Fighters tienen pensado convertir su cave rave en un evento añal. Una rima tan buena debe repetirse.

Gira de 11 fechasCrystal Fighters se formaron en 2007, cuando todos compartían apartamento en Londres. Tras editar un par de singles con el sello gabacho de alusión cool Kitsuné, debutaron en 2010 con Star of love,un disco de psicodelia electrónica inspirado en una ópera inacabada escrita por el finado abuelo de Laura, exmiembro del categoría. Un año más tarde reeditarían el disco, añadiendo una versión de La jarana de los maniquíes, de Golpes Bajos.

En marzo de este año vuelven con Cave rave, un disco cuya portada es labor del artista Paul Laffoley. El cuaderno fue carta en el nación Vasco y grabado en Los Ángeles, donde la cinta tiene pensado mudarse a lo largo del cercano año.

El jueves arranca su gira española en Santiago de Compostela. Serán 11 fechas: Madrid (tres noches en la estancia But, dos vendidas hace semanas), Barcelona, San Sebastián, Sevilla, Zaragoza, Vigo y Murcia.

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