Robbie Williams: «Soy el primero en admitir que he función errores»

«¿Ésta es la última?», se oye con un verdad jerarquía de petulancia desde el otro costado de una de las opulentas suites de la planta quinta del fabuloso hotel Savoy en Londres. No, para desgracia de Robbie Williams, no es la última.

Todavía le queda por aguantar a un buen puñado de periodistas insaciables que le bombardearan con las mismas preguntas una y otra vez. Son las cinco de la tarde. Tras un inacabable día dedicado a la prensa europea, no se aprecia en transformación ni marca de agotamiento en su rostro, que se acomoda en un gran sofá blanco dejando a la vista sus chillones calcetines rosas. Su jersey gris con las mangas estampadas con gatos tampoco deja desinteresado a nadie. Pero sólo alguien como él sabe enaltecer su desbordado ego y mimetizarse con su papel de showman en cuestión de minutos.

Eso sí, ya no es ese Robbie que en seguida saca su ancho repertorio de muecas, bromas y retórica deslenguada. El nacimiento de su hija Teddy le ha embarcado en un proceso de metamorfosis que parece haberle cortado las alas de la inestabilidad, la temeridad y las adicciones.

Después de un largo silencio de tres años, irrumpió en la escena musical para anunciar su retorno con «Reality Killed The Video Star» en 2009. Ahora sólo un año después de «Takethe Crown» lanza un reciente cuaderno, «Swings both ways».

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