Ribera del Duero sin pisar una bodega

EL PROFUNDO DE ATAUTA

Ribera del Duero sin pisar una bodega

Empezar por el pasado tiene su gracia. La pedanía de Atauta son cuatro calles bien plantadas en lo elevado de un pequeño cerro. Tiene la contento y la tristeza que le quieren dar sus habitantes. O sea, o puertas de madera cerradas a cal y cántico o balcones floridos y además una dama iglesia de dimensión deforme. Pero sobre todo tiene una vista inquietante, la de El profundo. Aquí se hacinan las entradas toperas a los viejos lagares y galerías excavados en la arena. La viñeta es de ciencia ficción pura y dura. A nadie le sorprendería ver que de alguna de ellas saliera un joven hobbit de una comarca más ocre y callosa que la inédito de Tolkien.

ROMÁNICO Y TUFERAS EN SAN ESTEBAN DE GORMAZ

El primer gran aldea que cruza el Duero cuando entra en esta territorio vitivinícola está hechizado de ente románico. mucho, que hasta se ha sacado de la manga una género de parque temático para reivindicar su transcendencia. Porque la tiene, sobre todo en la figura de las galerías porticadas de las iglesias de Nuestra dama de Rivero y de San Miguel. De esta última se dice que es la más antigua de España. Pero para quien no quiera apreciar la tosca transcendencia de estos hitos, siempre le quedará darse un paseo por el barrio de las bodegas, en la fragmento alta del aldea, donde debajo la montaña hay un submundo de estancias familiares. Quien pueda colarse en alguna de ellas y hablar con un compatriota que goza de la tarde y de sus pósters de la Interviú que lo haga. Y quien no, que se pierda un momento sorteando las tuferas que, como los dedos de un gigante, aparecen de repente por las calles.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201350/san_estaban_de_gormaz_4632_630x.jpg San Estaban de Gormaz

Corbis

LA JOYITA RENACENTISTA DE PEÑARANDA DE DUERO

En líneas generales, la construcción renacentista civil y Castilla no se han llevado del todo bien. Pero para eso está Peñaranda de Duero, para reconciliar gusto y arena y ponerle su puntito inédito. Porque por tanto que sorprenda su castillo o el mero acto de tener una de las boticas más antiguas de España, la Plaza Mayor es la niña de sus (y nuestros) ojos. Empezando por su Arco de inicio, siguiendo por esas casas de entramado visto, continuando por su Rollo jurisdiccional, echándole un ojeada a su excolegiata Abacial y rematando con el postre perfecto: el palacete de Avellaneda. Hay que entrar y disfrutarlo.

ARANDA DE DUERO: LA FRANKFURT ARREPENTIDA

A Aranda de Duero no se la puede culpar de nada. En sus años (70 y 80) decidió convertirse en un intersección de caminos logístico, en un centro industrial donde modernizar la comarca. Y en líneas generales lo hizo bien. Y ahora, ya arrancado el reciente centuria, quiere acordarse con fuerza de todo su potencial turístico y por eso toca perdonarla. Porque por esas callejuelas por donde no entran los camiones en torno a la Iglesia de Santa María la imperial recuerdan cómo era la Aranda más pueblerina, la que vivía ámbito día debajo arena en sus calados y la que aguantaba chaparrones e insolaciones en sus magníficos soportales. Dicho templo remata en 2014 la redención de Aranda albergando la manida pero fascinante exposición de Las Edades del varón.

REAL LUGAR DE LA VENTOSILLA: PUES ESO, COMO UN REY

Para continuar río bajo hay que incumplir la juramento de no hablar de ninguna bodega. Porque hablar del imperial lugar de la Ventosilla es hablar, además, de Prado Rey, huella con la que se explota la fragmento vitivinícola y enoturística de la inmueble más extensa del norte de España. Este paraje fue paraje de receso y captura de reyes desde que Isabel la Católica adquiriera el solar y hoy se visita cómodamente en un jeep, subiendo y bajando pequeñas lomas, llegando incluso a la ribera del río. Por la senda, más y más viñedos pero además la explotación ganadera Premium y el viejo palacete imperial, situado en las afueras de Villalba de Duero. LAS VISTAZAS DE Y DESDE ROA DE DUERO

El acto de tener que subir una dama rampa para llegar a este aldea garantiza que, como mínimo, fue fundamental y está bien conservado. idéntico. Puede que sus callejuelas no se lleven bien con los grandes buses turísticos pero no importa, casi mejor. Roa tiene, sobre todo, dos grandes panorámicas. Una en el interior, la que se obtiene nada más cruzar el umbral de la Excolegiata de Nuestra dama de la Asunción: diáfana, contundente y hermosa. La otra es la de su balcón sobre el Duero y sobre sus campos, una vistaza que aparece en diferentes rincones del aldea, pero que gusta más acompañada de una buena almuerzo. Y para eso, nada mejor que visita al Chuleta, aprender sobre el asado del lechal y no quitar ojo de su gran cristalera.LA DOBLE VIDA DE LA PLAZA DEL COSO DE PEÑAFIEL

Esta plaza tan característico es la gran baza del Peñafiel civilizado y viejito. Su gracia están es esa bipolaridad, en ese doble empleo como gran plaza y como coso taurómaco. De ahí sus balcones de madera, sus puertas pequeñitas y su escasa vida rutinaria. Todo marcado por la jarana, por la tierra y por las costumbres. Ah, y siempre vigilado por ese barco encallado que es el castillo, formando una de las postales más míticas de toda la Ribera. http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201350/penafiel_y_la_bodega_protos_8682_630x.jpg Peñafiel y la Bodega Protos

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EL COQUETO CASTILLO DE CURIEL DE DUERO

Curiel se protege con la colina que limita el gran valle y que es el calceta más elevado de la provincia Valladolid. Parece tener temor, pero nadie sabe por qué. Ahí tiene su castillo para protegerlo, en lo más elevado. De aquel Curiel medieval y beligerante no queda tanto, solo su coqueta fortaleza que hoy es un señor hotel, cuco y estilizado. además sobrevive el Arco de la Puerta de la Magdalena, una inicio más que digna para este paraje. cernaía de este cerro proliferan bodegas, viñedos y otras edificaciones, pero ninguna es competente de robarle ni un ápice de magnetismo a este castillo.

ADIÓS CON EL CORAZÓN, N-211

La carretera que viene y va, que se coge y se abandona en este periplo es la N-211. Merece un homenaje por respirar vida tenaz. Se la maldice cuando un gran camión entorpece la senda, pero a transformación regala en cada curva una nueva vista de viñedos, bodegas, pedruscos y pueblecitos muy agradecida, siendo una de las grandes carreteras vinícolas de este nación.

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