Por qué pasar la noche de San Valentín en un hotel no es una noción tan horrorosa

Este es un labor cochino, pero alguien tiene que hacerlo. Voy a defender, ante un puñado de urbanitas, descreídos y resabiados, por qué pasar la noche del 14 de febrero en un hotel no es una noción tan temible. O al menos es considerable.

Por qué pasar la noche de San Valentín en un hotel no es una noción tan horrorosa

PLANTEARLO, ESTAMOS DE ACUERDO, YA ES EMBARAZOSO

Hay dos opciones: lanzarlo con tono Gattaca, mientras de hace otra objeto, por modelo una sopa y despojándolo de cualquier atisbo de romanticismo. Por ejemplo: lOye, el sábado que viene (pásame el jengibre, anda), por qué no nos vamos al hotel ese tan molón que han abierto. No sé, por hacer algo desigual. No, mucho jengibre nor. Otra opción es mentir, siempre una opción muy creativa. Veamos: lNo te vas a creer: me han encargado un reportaje sobre gente que tienen que pasar una noche en un hotel para celebrar San Valentín y lo tengo que hacer. ¿Por qué no me acompañas? Apetecerme, apetecerme no me apetece, peroh El dificultad viene si no escribes reportajes ni haces pelis ni documentales, pero ahí está la representación mental de cada único. Ese dificultad no lo resuelvo yo. Una vez planteado, pasado ese Rubicón, ya todo es rampa bajo.

A TODO EL MUNDO LE GUSTA PASAR UNA NOCHE EN UN HOTEL

Tiene un calceta efervescente y semiclandestino el acto de no llevar apenas equipaje. Recuperemos todo el cine que hemos visto, toda la Nouvelle Vague que nos hemos tragado y pasemos 24 horas en un hotel. La pretexto de San Valentín es barata, pero una vez que llevemos una hora allí, nadie va a mencionar al santo.

A TODO EL MUNDO LE GUSTAN LOS HOTELES

Quizás no podamos alojarnos en la inmueble Cortesín si vivimos en Málaga, en la suite del Majestic si vivimos en Barcelona o escaparnos a Valdepalacios si estamos por Madrid, pero es (casi) lo de menos. Sirve cualquier hotel que tenga algo. Que tenga algo bueno. Sirve un hostal de estos del centuria XXI con habitación no compartida, sirve un NH con sus pasillazos, sirve, ojo, hasta una vivienda rural. Eso sí, cuanto más anónimo mejor. En corriente. Siempre.

AH, ¡UN PEQUEÑO DETALLE! NO SABEMOS CON QUIÉN IR…

Se puede echar mano de pareja estable, pareja inconstante, amante/amigo, que cantaba Rocío Jurado, ex voluntarioso, significant other, + 1, friend with benefits o amigo de-toda-la-vida. Es más, se puede ir solo. Celebrar San Valentín solo en un hotel(azo, mejor), es un gran plan(azo).

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201406/los_desayunos_del_palace_7373_630x.jpg Los desayunos del Palace

Westin Palace Madrid

EL INSTANTE RECEPCIÓN, UN TRAGO

Ese en el que el afable personal dice con toda su afable intención: lBonita oportunidad la de San Valentínr. Y vosotros miráis alrededorcon todo el temor hipster del mundo para ver que no hay nadie familiar. Es el instante de responder: lBueno, realmente el 14 de febrero nacieron Thelma Ritter y Carl Bernstein y nos gusta celebrarlo fuera de casar.

LA CENA… Y EL DESAYUNO

Una cena que incluya raviolis de trufa blanca, una cama como la Heavenly Bed, un desayuno en varios tiempos y con platos de todo el mundo, toiletries de té blanco y posibilidad de dejar el hotel a las 4 como propone el Westin Palace de Madridh Todo eso compensa el trago de decidir, nosotros,lectores de Kinfolk, que vamos a pasar la noche de San Valentín en un hotel.

EN ALGÚN INSTANTE HABRÁ QUE CONTARLO

En una cena de amigos, diáfano, porque algunas cosas se hacen para contarlas, como se aburrió de decir Foucault, aunque sea como confidencia, No hay que avergonzarse por quedar como cursis, como salidos de un reality de novias de Divinity. Somos excesivo modernos como para eso.Tenemos toneladas de sátira para usar. Y muchas ganas de escaparnos a un hotel una noche.

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