La magistrado dice que las prácticas de Fuentes suponían un peligro

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– Un año de prisión para Eufemiano Fuentes Madrid. (EFE).- La magistrado de la maniobra Puerto considera probado que las extracciones y reinfusiones de sangre practicadas por Eufemiano Fuentes suponían “un fundamental riesgo para la salud del ciclista” al producir “una mayor viscosidad de la sangre” por subir el hematocrito y “un superior ahínco para el corazón”.

La sentencia, en la que condena a Fuentes a un año de cárcel y a cuatro de inhabilitación para ejercer la fármaco deportiva, señala que el médico canario realizaba sus prácticas “sin cumplimiento de las exigencias previstas en la normativa sanitaria en materia de transfusiones y autotransfusiones, vigente en aquél momento”. también, la magistrado no ha accedido a entregar a las autoridades deportivas las bolsas de plasma y de sangre intervenidas al médico, pero ha ordenado conservar fragmento de las muestras por si en el porvenir se juzga a su socio, el hematólogo José Luis Merino.

Según la magistrada, las transfusiones y reinfusiones se hacían por advertencia de Fuentes “con la exclusiva objetivo de conseguir la subida del nivel de hematocrito del ciclista, con la consiguiente progreso del transporte del oxígeno en la sangre y el recargo de la resistencia al agotamiento, todo ello a término de incrementar su rendimiento de faz a la competición”.

El riesgo para la salud se concretaba en “riesgos para el sistema cardiovascular (trombosis, infartos), dermatológicos (diaforesis o sudoración profusa), hematológicos (deficiencia de hierro funcional), gastrointestinales (nauseas, vómitos), musculoesqueléticos (dolor óseo), daños renales (y) otros como hiperkalemia (aumento del potasio en sangre)”.

La magistrado además dialecto de hiperfostatemia (aumento de los fosfatos) “e incluso daños neurológicos a nivel cerebral (como mayor probabilidad de accidentes cerebrovasculares, convulsiones, ofensiva isquémico provisional y otros como cefalea, flojedad o mareo)”. La sentencia asegura que Fuentes no realizaba sus prácticas “en centros autorizados” y a veces las hacía en habitaciones de hotel “sin cumplir las garantías higiénico-sanitarias previstas en la normativa sanitaria en cuanto al transporte y conservación de la cadena de frío de las muestras”.

Tampoco se garantizaban siempre “los controles hematológicos del receptor de la sangre”, ni había “un sistema de identidad de las muestras que garantizara una perfecta trazabilidad” y “permitiera un seguimiento sin margen de lapso de la demostración desde el instante de la extracción hasta el instante de la reinfusión”.

La magistrada entiende que “todo el procedimiento” se realizaba “de una forma clandestina y al margen de cualquier tipo de control o inspección de las autoridades, incumplimientos que entrañaban de por sí un incremento del peligro para la salud de los ciclistas”.Fuentes realizaba sus prácticas, según la magistrado, planificándolas y coordinándolas con la preparación física de acuerdo al calendario de competiciones de la período de cada ciclista para lograr “óptimos resultados” y a la vez “evitar” que el ciclista fuera detectado en los controles antidopaje, “ya que las autotransfusiones se realizaban incluso en periodo de competición”.

En todos los casos, Fuentes ofertaba y proporcionaba a los deportistas mucho el tratamiento sanguíneo y el racionamiento de medicamentos “a transformación de un valor, que tarifaba por separado para las auto-transfusiones y para las sustancias prohibidas”.

La magistrado confirma que Eufemiano Fuentes contaba principalmente con la cooperación de otra individuo que no ha sido cosa de enjuiciamiento -el hematólogo José Luis Merino, paria de la motivo por enfermedad-, que solicitó productos al Centro de Transfusiones de la Comunidad Valenciana, el Servicio de Hematología del Hospital de la Princesa, del Centro Regional de Transfusión Sanguínea de Sevilla y la Farmacia Militar del Ministerio de égida.

Igualmente ve probada la “colaboración activa” en la preparación de los entrenamientos de los ciclistas de José Ignacio Labarta, el otro maldito, entrenador del Comunidad Valenciana (antes KELME) cuando sucedieron los hechos -entre 2002 y mayo de 2006- “a transformación de una retribución que le pagaba Eufemiano Fuentes”. “Para la ejecución de las referidas prácticas Eufemiano Fuentes contaba con la cooperación de otras gente, también de José Ignacio Labarta, que realizaban funciones de diversa índole y cuya identificación no ha podido ente determinada”, señala la magistrado.

La magistrada concluye que no ha quedado acreditada la relación con los hechos de los otros tres acusados, Yolanda Fuentes, responsable médico del Comunidad Valenciana desde 2004 y médico colaboradora del KELME anteriormente, y los exdirectores deportivos Manolo Saiz (ONCE y Liberty) y Vicente Belda (Comunidad Valenciana y antes KELME).

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