Hotel La Mamounia, la efusión marroquí de Winston Churchill

Touria el Glaoui lleva en su sangre la de los guerreros bereberes del sur y la del gran señor de las tribus nobles del Atlas. Pero además lleva el arte circulando a toda rapidez por sus venas. Touria es una hembra de nuestro período, que vive en Londres trabajando en multinacionales, viaja constantemente y ahora ha acometido el fundamental idea de dar a conocer el arte africano coetáneo en el mundo gracias a 1.54, una certamen que se celebra en Londres en octubre. Touria es hija de único de los más grandes pintores vivos de Marruecos, Hassan El Glaoui (1924), que ahora, a sus 90 años, vuelve a colgar sus obras en las paredes del Gran Salón del Hotel La Mamounia, junto a las del que fuera su consejero, Winston Churchill. La historia es como una relato de Scherezade y nos la abalorio a ABC en la biblioteca de La Mamounia.

«Mi padre siempre nos ha contado que se convirtió en pintor gracias a Churchill, pues mi abuelo y él eran grandes amigos. Churchill solía venir a Marruecos a menudo desde 1935 a pasar largas temporadas y mi abuelo, Pachá de Marrakech y Señor del Atlas, le invitaba a cenas y fiestas en su castillo del desierto. Se volvieron grandes amigos. Jugaban al golf, hablaban de política, de la vida, de arte& investigando sobre él, he encontrado en los archivos de Cambridge, cartas a mi abuelo y viceversa en las que Churchill describía los colores del Atlas que pintaba siempre desde aquí, desde la terraza de su suite en este mismo hotel, y desde la que veía la Kutubía, la Medina y las enormes montañas cubiertas de nieve».

Churchill tuvo una gran influencia en la vida de Glaoui sin proponérselo, pues el Pachá le pidió un consejo: él quería destinar a su vástago mayor a la política y su vástago quería pintar, lo que en aquella periodo para su familia, no era respetable. Churchill convenció a su padre de que tenía un don y que debía ir a estudiar a París. «Churchill continúa Touria empezó a pintar cuando tenía 40 años en una periodo que las cosas no salían bien en la política. Desde entonces hasta que murió en 1965, pintó unas 500 obras».

A Hassan, su padre, en Marruecos, se le conoce por sus cuadros de caballos, de las fiestas reales y de la ilusión. Dicen que refleja las tradiciones del aldea, pero a él le gusta más hacer paisajes y retratos. Su educación con Madame Charny, famosa en París y casi una segunda madre para él, hizo que se le soltara la mano y comenzara a pintar de manera más voluntario.

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