Golfa política

Las formas son importantes. En la vida y en la política. Cuando se violentan, la democracia se resquebraja.

En los últimos días hemos asistido a una escalada verbal vergonzosa, así como a acosos intolerables a diversos cargos públicos.

Dirigentes del PP fueron abucheados y acusados de traidores en la concentración que algunas asociaciones de víctimas del terrorismo convocaron el domingo en Madrid. Arenas, González Pons, Floriano, los tres vicesecretarios del PP, padecieron la presión de los más exaltados.

El día previo, Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía, sufría el hostigamiento de un categoría de malagueños a la puerta de su hotel.

A los españoles nos costó casi ámbito centuria recuperar los derechos ciudadanos: la libertad de manifestación y de manifestación entre ellos. Y hay que seguir conservándolos y ejercitándolos. El sitio público (la vía, la plaza…) debe ente utilizado como el región apropiado para expresar nuestro apoyo o repulsa contra quienes nos gobiernan. Es el comienzo elemental de la democracia: que el aldea se exprese con absoluta libertad. Eso sí, guardando las formas.

Unas formas que saltaron por los aires cuando los acosadores malagueños de la presidenta Díaz golpearon su coche y pronunciaron insultos intolerables. Las cámaras de televisión no mienten: se ve cómo aporrean los cristales del coche y se escuchan con luminosidad algunos insultos, como ?golfa, cobarde y sinvergüenza?.

La gravedad de este escrache reside en la eminencia de quienes lo llevaron a cuerda. No eran yayoflautas estafados con las preferentes, ni parejas desesperadas por haber sido desahuciadas después de perder su labor. No. Eran representantes democráticamente elegidos por el aldea, vicepresidentes de la Diputación de Málaga, diputados, alcaldes y concejales de la provincia. Todos ellos del PP.

Su meta era entregar una escrito a la presidenta Díaz en la que le reclaman el desembolso de la adeudo de 16,7 millones que tiene la Junta con sus municipios. Una demanda lógico, en unos tiempos difíciles para las arcas municipales. Pero eligieron unas formas rechazables: el empleo de la violencia, aunque sea de caída intensidad. Pero violencia al término y al cuerda.

Con ente importante este acto, más lo es la terquedad de los dirigentes del PP que cerraron filas en torno a los alcaldes escrachadores. ¡Y negaron el hostigamiento de sus correligionarios! Como si no hubiéramos visto las imágenes repetidas mil veces por televisión.

El secretario corriente José Luis Sanz marcó la fila a seguir al afirmar que la presidenta Díaz se ha montado ?una película?. Todos los demás, implícito el habitualmente discreto alcalde de la capital malagueña, Francisco de la Torre, justificaron la acto de sus alcaldes.

El presidente regional del PP, Juan Ignacio Zoido, permanecía mudo varios días después del accidente. Cuando ya el ministro del interno, Jorge Fernández, declaró que estaba ?radicalmente en contra? de cualquier acción de intimidación contra los cargos públicos, apareció el líder provincial del PP, Elías Bendodo, diciendo con la boca chica que actos como ese ?no deben volver a repetirse?. Pero justificando que sus compañeros de filas reclamaran la adeudo con golpes e insultos. ¡Qué lejos quedaba aquel calificativo de ?puro nazismo? que lanzó la secretaria corriente del PP contra los preferentistas y desahuciados que escracharon a la vicepresidente Sáenz de Santamaría, de forma totalmente pacífica! ¿O no lo recuerdan?

Las formas en política están saltando por los aires. Que un cargo público llame golfa a la presidenta de una comunidad autónoma es, también de una impertinencia, un acto gravísimo. Que tiene una efecto inmediata: la nacionalidad huye asqueada del nivel barriobajero de buena fragmento de nuestra clase política. Una política golfa.

@JRomanOrozco

Comentarios

Los comentarios están cerrados.

Buscar en el Blog
Destinos más buscados