Domingo Zapata: «Banksy no es un buen ejemplo»

Ayer cumplió 39 años. Domingo Zapata (Palma de Mallorca, 1974) los ha vivido muy rápido. Confiesa que, a veces, le da vértigo, pero que hay dos cosas al año que siempre hace para intentar poner los pies en la tierra: «Escaparme a Mallorca, a la vivienda de mi padre, y estar allí una semana, e ir al Rocío para hacer el Camino, con mi amigo Miguel Báez El Litri». En estos lugares, dice, carga las pilas «para después volver de reciente a la batalla». Porque ente artista en una metrópoli como Nueva York, donde salen artistas hasta bajo de las piedras (hay unos 50.000) y hay una competencia fiero, «es una batalla, a veces muy salvaje. Cada mañana voy al análisis y me pongo a trabajar. Para mí, pintar y vivir de la pintura es un regalo».

Del ático del Hotel Bowery, donde ha tenido su análisis recientemente, se ha mudado a una vivienda de 1850 en Gramercy Park. Cuentan que, como Picasso, Domingo Zapata ha intercambiado obras por comer en algunos restaurantes. En su caso, en el Cipriani neoyorquino. Se ha codeado con las mujeres más deseadas del planeta, a quienes retrató en su idea «Ten»; escribió la letra de una canción en español para Michael Jackson… En la Bienal de Venecia de este año expuso una treintena de obras en el Palazzo da Mula y ultima un idea para el recibidor de la Torre de la Libertad en la área Cero de Manhattan. Ha llegado de Singapur, el 9 de enero inaugura exposición en Los Ángeles… Así es la frenética vida de este artista que, pese a su costado más salvaje, se define como un romántico.

¿Cómo acaba un mallorquín que se va a Londres a estudiar Ciencias Políticas como artista de moda en Nueva York?

Tras estudiar en Londres me fui a una Universidad de Washington porque tenían un programa muy bueno de Ciencias Políticas. Pero yo siempre quise dedicarme a lo que me gusta: la pintura. Vengo de una familia suficiente humilde: mi padre pintaba coches, mi madre es modista. Nuna entendieron muy bien esto de ente artista. Querían que estudiara una carrera, que trabajara y luego ya veríamos… Me quedé en Nueva York, encontré un labor en el parte financiero, en el que estuve unos años. Mientras mucho, pintaba e intentaba hacerme un hueco en ese mundo. No tenía la certeza de que podía dedicarme a ello. jamás tuve respaldo de nadie, he sido autodidacta. Llega un instante en la vida en que dices: o lo hago ahora o jamás. Dejé mi labor y me dediqué cien por cien a la pintura. Tuve la suerte de tener el apoyo de un coleccionista muy importante: George Soros. Compró un par de obras mías, llamé la deferencia de personas influyente, hice una exposición en Nueva York (era 2004 o 2005), empecé a trabajar con diferentes galerías y mi vida cambió. Comencé a tener certeza en mí mismo. decididamente vi que puedo dedicarme a esto. Tengo la deber y la deber de explorar mis inquietudes como artista.

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