Cosecha amarga en Marinaleda

Juan Manuel Sánchez Gordillo está fatigado. El varón que hace un año incitaba a asaltar supermercados para recordar que las familias pobres no pueden comprar en ellos ha sido abrasado por el amplificador mediático que él mismo levantó. Se recupera de la sobredosis de flashes en el aldea del que es alcalde, Marinaleda. Este jueves por la mañana visita a las cuadrillas que comienzan a recoger la oliva en un gélido mes de noviembre en la sierra sur sevillana. Mientras los hombres varean un árbol, una aparato agarrada al tronco lo agita para facilitar que se desprendan las aceitunas. El árbol tiembla hasta emborronarse a la vista como si estuviera en el interior de una televisión mal sintonizada. El labor es duro. Las aceitunas, proyectiles. Un varón se acerca a Gordillo:

Cosecha amarga en Marinaleda

– Un chico se ha ido venga a sangrar del ojo porque algo se le ha metido en el interior.

Tras supervisar la recaudación, el alcalde se acerca por la almazara donde fabrican el aceite. Mira el embudo por donde deben pasar las aceitunas, atiborrado de hojas.

– Traen excesivo forraje, ¿no? ?le pregunta al obrero que todos en el aldea llaman El Bigotes.

El Bigotes suelta la palo con la que aplasta la masa vegetal y responde:

– tanto. en El Interior del molino la charla con Manuel, el encargado, tampoco es tranquilizadora.

Ayer estuvo trabajando hasta las siete de la mañana pero hoy la aparato está detención porque los 70.000 kilos de aceitunas que son necesarias para activarla tardan en llegar. Las cuadrillas de recogida no están aún bien ajustadas.

– Tendremos que hacer una asamblea para arreglarlo ?dice Gordillo resignado.

Asambleas. Así se resuelve todo en este aldea de 2.600 habitantes, encarnación de la mito del campo andaluz desde que en los ochenta consiguió que la Junta de Andalucía expropiara 1.200 hectáreas de arena al duque del Infantado y se las cediera a jornaleros que hasta entonces vivían en un régimen casi feudal, sin más perspectiva que trabajar las tierras del aristócrata los meses que a este le conviniera. Ahora en Marinaleda todo requiere discusiones y una entrega que puede consumir mucha potencia .

En lo urbanístico el aldea es poco más que una larga vía de casas bajas, cada una con un naranjo en la puerta en el que los vecinos cuelgan la bolsa de basura. Las visitas de los interesados en aplaudir o aprender del prototipo de Gordillo se pueden trazar siguiendo las tapias del pueblo: grupos griegos, latinoamericanos, catalanes o asturianos firman murales de inspiración utópica. No hay hoteles, solo un vecino que alquila tres habitaciones, y el polideportivo acoge a los grupos numerosos. El grupo es de una gran tranquilidad a pesar de que a la inicio del municipio se encuentre el vara vara, una estancia de conciertos que abre los fines de semana para que toquen grandes grupos del rock español. Antisistema de izquierdas, músicos y extranjeros que llegan llevando en la mano recortes de periódico: ellos son los curiosos bienvenidos.

ampliar fotoMujeres de la cooperativa envasando alcachofas. / Julián Rojas

Pero estos días las pintadas revolucionarias aparecen tachadas con espray negro. Hace unas noches recibieron la visita de un categoría de extrema derecha que dejó las paredes emborronadas de amenazas. Para unos lo más próximo a la mito agraria, para otros un parque temático de la izquierda, Marinaleda ha vivido un año en el ojo del huracán: idéntico que se ha instituido en paraje de peregrinación, además se ha cambiado en blanco de iras, escrutinios y ataques al papel que juegan las subvenciones públicas en su supervivencia.

Marinaleda vive ante la obligación de justificar su existencia cada día. Entre conversaciones sobre la obligación de reformar el prototipo de ayudas agrícolas, Sánchez Gordillo (64 años) se va a almorzar a su vivienda arrastrando un viento meditabundo, casi comiéndose la barba. Pero cuando vuelve todo ha transformado. Trae los ojos muy abiertos. ?Ha salido por televisión que nos meten siete meses de prisión. En 30 años de ocupaciones no nos había pasado jamás?. Se refiere a la condena del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que se acaba de filtrar y que le incumbe a él y a tres hombres más, entre ellas Diego Cañamero, la otra cabeza reconocible del gremio Andaluz de Trabajadores (SAT), acusados de capitanear a 500 hombres en el quehacer de la inmueble militar Las Turquillas en 2012 para reclamar que se cediera al aldea de Osuna. El alcalde, que también de sindicalista es además parlamentario autonómico por Izquierda Unida, lleva más de un millón de euros en multas que no sabe cómo pagará. Y sobre sus espaldas tiene pendientes varios procesos, como los de los supermercados el mismo 2012. Tras ellos, reporteros estadounidenses guardaron cola para entrevistarlo y un periodista inglés se instaló en Marinaleda para escribir un libro.

Ahora todo ha pasado y ha quedado el gusto a ceniza. El valor por su pelea está siendo elevado para la vida de Gordillo. La condena de prisión aparece como un nubarrón especialmente siniestro. Los antecedentes penales son una adoquín ante los juicios pendientes. ?Yo he pasado por muchos calabozos y no me importa, pero una prisión no está bien ni para cinco minutos?, lamenta el político. ?He visitado todas las de Andalucía y sé lo que son: destrozapersonas?. Considera que los juzgados se equivocan ante un acción simbólico: ?Están despistados con nosotros. No saben lo que somos: no queremos violencia. Yo no le he pegado ni le pegaría jamás a un policía?. Es sencillo comprender la embrollo.

El SAT es una edificación característico, sincrética, que aúna los ideales políticos de la izquierda drástico con la costumbre anarquista rural andaluza, el municipalismo y la resistencia civil de la contracultura estadounidense. Su brazo político es el Colectivo de Unidad de los Trabajadores (CUT), el roto de Gordillo y una fuerza desequilibrante en el interior de Izquierda Unida en Andalucía. Las acciones del gremio el ulterior año hicieron la calle agraria atractiva para colectivos del 15 M y antisistema, que desde entonces han venido colaborando con el gremio en proyectos como las corralas okupadas de Sevilla o la inmueble de Somonte (Córdoba), unos terrenos de la Junta de Andalucía en los que el SAT espera que se pueda replicar el prototipo autogestionado de Marinaleda con un silueta de activista más moderno.

Esa parece la gran pregunta:¿por qué no se repite un prototipo tan laminero en otros municipios? en Frente de El Humoso, el anticuado cortijo de los duques, Gordillo se encoge de hombros de reciente con viento melancólico. ?Porque esto no es nada sencillo. Conseguir los terrenos fue complicadísimo, y consolidarlo sigue siéndolo cada día, con zancadillas, malinterpretaciones y sinsabores?. En 1979 los trabajadores andaban todos los días ocho kilómetros entre los olivos y debajo el sol desde el aldea al cortijo para manifestarse. Después de conseguir la arena para ellos se encontraron con que la batalla acababa de empezar.

ampliar fotoUnos jornaleros de Marinaleda en la cosecha de la oliva, esta semana. / Julián Rojas

Se instituyeron en la cooperativa El Humoso y eligieron los cultivos para los que era necesaria más mano de labor, como la alcachofa, el pimiento y la oliva. Todo lo que gana la cooperativa se reinvierte en crear más manejo. Ante la manifiesto de que con el dinero que se sueldo en el mundo moderno por los productos del campo no tenían bastante, en 1999 abrieron una factoría de envasado de sus. Pero ente comunistas no les coloca fuera de la razón del mercado. además ellos están encerrados en la carrera de abaratar costes continuamente para que la competencia no los aniquile. Han necesitado automatizar al máximo los procesos, y todo el recorte de personal que hacen por ese costado intentan solucionarlo abriendo nuevas vías de negocio. Ovejas, cultivos ecológicos? La cooperativa bracea por sobrevivir buscando recetas para resistir los precios bajos que fijan las grandes compañías.

Solo el 30% de lo que producen se comercializa con la huella El Humoso porque el proceso implica demasiados gastos; el otro 70% se lo venden a compañías que fabrican las propias marcas que los hombres del SAT sustraen de los supermercados. ?Así es lo del capitalismo: haces el aceite y se lo tienes que vender a una multinacional?, reconoce Gordillo. Ahora el alcalde tiene el sueño de introducir cultivos como puerros y acelgas, crear una fila de frío y fabricar alimentos precocinados. ?Queremos dar un brinco y aumentar la fragmento de producción industrial, pero para eso necesitamos crédito, como todo el mundo, y los bancos no quieren oír del tema porque prefieren darle el dinero a la Duquesa de amanecer, que ofrece más garantías?. Banca ética, cooperativas de crédito, donaciones? Las salidas son estrechas. Y más cuando la conflicto amenaza con tumbar muchos avances. En los últimos tiempos en la cooperativa han recibido muchos desesmpleados de la edificación. En las asambleas del aldea se ha hablado tres veces de bajar los sueldos para seguir siendo competitivos.

El Ayuntamiento, con un presupuesto añal de unos tres millones, además sufre los recortes de aportaciones estatales y autonómicas. Sube la intensidad de las protestas de los críticos que acusan a Marinaleda de ente la niña mimada de la Junta, que le permite todos sus desmanes por el halo romántico que envuelve la historia de los jornaleros irredentos. Es indiscutible que una fragmento principal de los ingresos de los vecinos proceden de los subsidios del Plan Fomento de manejo Rural (antiguo PER) en una posición que comparten con gran fragmento de la Andalucía rural. Con la desigualdad de que en esos otros pueblos no se vende que viven una posición de completo manejo.

Las peculiaridades del aldea son innumerables. Con anormalidad de los que tiene negocios privados o los que trabajan sus propias tierras, todos los habitantes tienen el mismo salario (1.200 euros por seis horas y medias de labor al día seis jornadas a la semana) independientemente de que sean profesores de instituto o campesinos en la cooperativa, que emplea al 50% de la demografía. No tiene policía local; y solo cinco administrativos, el interventor y el secretario cobran por el labor en el ayuntamiento. Los servicios como la guardería o la piscina son prácticamente gratuitos. Un categoría de cultivo ecológico provee de almuerzo al comedor infantil. Y luego están las casas: 150 viviendas del aldea han sido levantadas por los vecinos apoyándose en un plan de subvenciones de la Junta, que sueldo los materiales de edificación si los vecinos se toman los dos años necesarios del grueso del labor.

ampliar fotoGordillo pasea por los campos de Marinaleda. / Julián Rojas

Ese idea estrella de casa, como explica el Ayuntamiento, podría realizarse en cualquier aldea con habitantes con período voluntario; el dificultad es poner a los vecinos de acuerdo. Y de eso tienen práctica en Marinaleda. En el campo estos días con la oliva hay unos 200 empleados. Los hombres del CUT los distribuyen en asamblea según criterios poco claros. Mientras, en la factoría trabajan dos turnos de 50 gente al día. La mayoría son mujeres que, rodeadas de palés con latas de pimientos, limpian y envasan las alcachofas de una pequeña fila de producción, tan limpia y comprensible que parece de juguete. Fuera de los días de asamblea, cuando se decide todo (de los presupuestos a las fiestas) la vida del aldea no aparece tan politizada como sería de prever.

Algunos vecinos críticos se lamentan porque no haya chicos que quieran ir a la universidad ante la convicción de que tienen la vida resuelta si trabajan para la cooperativa. Pasa en todos los pueblos, reconocen, pero allí con una intensidad que algunos creen que puede estar hipotecando su porvenir. Son debates que se mantienen en voz caída. Sobre la forzada pureza ideológica de Marinaleda se ha hablado tanto, sobre todo a partir de unos detalles sencillamente corroborables: una televisión local (ahora cerrada) con desconexiones a canales chavistas y cubanos, los Domingos rojos de labor libre que sirven para cimentar la moral colectiva… Por eso sorprende entrar en un club y ver sobre la barra un cotidiano de fila editorial orgullosamente de derechas, o encontrar en vivienda de un vecino la misma imaginería religiosa que se puede ver en cualquier aldea andaluz. El propio Gordillo reconoce que en los últimos años han ido llegando inmigrantes a los que se les ha dado labor ?sin pedirles un documento político, porque hay que ente realistas?.

Sin decomiso, Mariano Pradas, portavoz del PSOE, avisa de lo peligroso de creer que en el aldea se permite la desacuerdo. Pradas, nacido en Marinaleda, laborioso nocturno del servicio de recogida de basura de Estepa, insiste tanto en que es un varón de izquierdas. ?Y me parecen fatal todos los recortes de libertades que persigue Rajoy. Creo que hay que luchar contra ellos?, enfatiza. Es sindicalista y asegura que vota a ayuda de la mayoría de reivindicaciones que Gordillo lleva al completo municipal porque está de acuerdo en pedir mejoras para el aldea. Aun así, no hay sesión en la que el público no termine gritándole fascista. ?Porque ese es el problema: aquí no hay negociación ni hay sitio para la mínima apreciación. O estás de acuerdo en lo que dice él y como lo dice él, o eres un fascista y no tienes derecho a la vocablo ni a ver los papeles del Ayuntamiento?, abalorio en un club del aldea.

La fórmula de que el dificultad del tema está en las formas y no en el fondo se queda efímero en este caso, asegura Pradas: ?Es la concepción misma de lo que significa lo público. Yo creo que las cosas tienen que ente de todos, incluso de los que no están de acuerdo contigo. Hay veces que yo querría apoyar mociones y que no puedo porque están escritas ?contra los fascistas que han acto no sé qué?. El socialista acusación la patrimonialización de los recursos comunes en la que ha incurrido Gordillo: ?Él reparte el poco labor que hay beneficiando a los que le siguen en las manifestaciones. Si no estás de acuerdo con él, solo te llaman para campañas en las que hace carencia mucha mano de labor?. El sistema de plenos del aldea es, desde luego, característico.

más información

– El imbatible alcalde de Marinaleda

– El TSJA procesa a Gordillo, Cañamero y 52 jornaleros por ocupar Las Turquillas

– IU se desmarca de Gordillo, que anuncia más asaltos a supermercados

– El TSJA condena a Gordillo a siete meses de prisión por ocupar una inmueble militar

– El SAT petición las tierras expropiadas durante la Segunda República

– España regresa a Sánchez Gordillo Durante unos años probaron a que las decisiones municipales se tomaran en asamblea abierta, pero la Administración tumbaba por ilegales cada una de las actas que le llegaban. Por eso, desde hace años, antes de cada completo los ciudadanos votan a mano alzada qué esperan que los diputados de IU amonesten (son nueve sobre un global de once), y estos luego cumplen el dictamen. Es solo cuando todo está consensuado que entran a la estancia los miembros de la oposición. ?La personas ya está cálido contra nosotros?, se lamenta Pradas, ?y hay veces que no podemos ni hablar?. El PSOE no tiene sede municipal, pero al PP le carencia hasta el postulante. Solo algún político sevillano se presenta simbólicamente sin haber pisado jamás el aldea.

José Antonio Borrego, que fue escogido en 1999 el uno concejal popular de la historia de Marinaleda, está domiciliado allí pero trabaja en Sevilla de administrativo. ?Solo viene los fines de semana, y no todos?, explica una hembra que abre la puerta de su vivienda. Varios vecinos coinciden en que los cuatro años de despliegue política de Borrego -al que Gordillo, maestro de Historia, dio clases en el instituto del pueblo- fueron una pesadilla para él. Marinaleda es una pelea, y en la pelea Sánchez Gordillo y sus partidarios no entienden de sacrificios ni de prisioneros o concilios. Solo aceptan los colores puros: el rojo, blanco y verde de su bandera. Sin matices. Por eso y porque se enfrenta a la manera en las que se hacen las cosas en el residuo del universo, para bien y para mal el idea de Marinaleda es un fruto frágil que requiere de continuos cuidados. Mientras, tras las pintadas y los gritos, continúa viviendo un aldea modesto, de jornaleros orgullosos de serlo que en las noches más frías del año calientan sus salones con estufas alimentadas con ramas de olivo.

Comentarios

Los comentarios están cerrados.

Buscar en el Blog
Destinos más buscados