104 cosas que hay que hacer Barcelona al menos una vez en la vida

1. Subir a las baterías antiaéreas del Turó de la Rovira, el penúltimo calceta fuera de los circuitos habituales en ente conquistado por los turistas.

104 cosas que hay que hacer Barcelona al menos una vez en la vida

2. Deleitarse con las vistas, trasladarse a la conflicto civil, avistar mentalmente aviones fascistas sobre la metrópoli y pensar en lo inútiles que eran esos cañones porque su alcance no era bastante y muchas veces terminaban bombardeando los edificios que tenían que defender.

3. Dar un brinco de un par de décadas en ese mismo paraje y trasladarse al barraquismo que comenzó en los años 50 contemplando los restos bien visibles de las viviendas que se construyeron al abrigo de los restos de las baterías.

4. Combatir el frío de una tarde invernal tomando chocolate desfeta en la vía Petritxol, por modelo en la Pallaresa.

5. Combatir el bochorno de una tarde de verano tomando una horchata casera de la horchatería Sirvent.

6. Acordarte de Carpanta contemplando los pollos giratorios del histórico restaurante Los Caracoles de Escudellers.

7. Pasear los domingos por un L’Eixample desocupado y sentirte como en un escenario postapocalíptico.

8. Comprobar que la especulación inmobiliaria no es ninguna novedad contando los lsombreretes de Porciolesr (añadidos de pisos levantados a partir de los 60 sobre las azoteas de construcciones anteriores) que coronan muchos edificios del Eixample.

9. Ir a una jarana en algún depósito semiabandonado del Poble Nou y pensar durante un instante que estás en Berlín.

10. Comprobar que las patatas bravas del Tomás bien merecen su renombre.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201306/el_eixample_8833_630x.jpg Simetría de cota en el Eixample.

Thinkstock

11. Pensar l¡Qué ironía!r l¡Qué amarga jugarreta de la historia!r en frente de las cámaras de videovigilancia de la plaza de George Orwell, las primeras instaladas en la metrópoli.

12. Hacerte llos otros Gaudísr: el afuera de la vivienda Vicens en la vía Carolines y el escuela de las Teresianas.

13. Cantar len un apeadero de la estación, debajo el sol abrasadorr en los bancos curvilíneos del Parque Güell.

14. Que te dé un pasmo de hermosura arquitectónica-naturalista en el interno de la Sagrada Familia con sus columnas-árboles y su empleo de la luz.

15. Subir al castillo de Montjuïc.

16. Bajar de la montaña mágica haciendo paradas en la Fundación Miró, los jardines de Mossèn Verdaguer, el Teatre Grec o el MNAC.

17. Evocar el cuadro lla lección de anatomíar en el anfiteatro de la imperial Academia de fármaco, donde la disección de cadáveres (como hoy) estaba a la orden del día.

18. Contar los tomates de los huertos urbanos situados en los lugares más insospechados.

19. Ir a tomar el vermut el domingo por la mañana a una bodega que lleve cuarenta años sin haber sido redecorada (advertencia: con la brujería de Internet puede que cuando usted esté leyendo esto tomar el vermut haya quedado obsoleto y lo que se lleve sea de reciente tomar absenta o levantarse prematuro para jugar a la petanca).

20. Imbuirse del espíritu romántico y un poco chalado de un burgués creativo de pro en el Jardín de la Tamarita.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201431/las_bravas_del_tomas_1919_630x.jpg Las bravas del Tomás

El Tomás

21. Imitar a David Bustamante en el videoclip que grabó en el parque del laberinto de Horta.

22. Si le tienes tirria, imitar a Ben Wishaw en El perfume.

23. En navidades, visitar un mercadillo de Santa Llúcia (el de la Catedral o el de Sagrada familia) y ceder a las tradiciones escatológicas comprando un tió o un caganer.

24. Asistir a un concierto en el Palau de la Música. La programación es tan variada que es irrealizable no encontrar algo a tu deleite.

25. Evocar el caso de corrupción descubierto hace unos años en su seno mientras se está acomodado en sus butacas.

26. Premiar los establecimientos de las Ramblas que todavía no se han convertido en tiendas de recuerdos o trampas para turistas: tomar un café en el Ópera o comer en el Centro Gallego.

27. Sentirte turista old school y démodé en el Poble Espanyol o el Parque de atracciones del Tibidabo. Aquí son imprescindibles los autómatas y el avión.

28. Ponerte cabaretero y asistir a un exhibición de revista en el Molino.

29. Caer en la tentación del golosina unas cuantas veces: las pastelerías acechan en cada instante y Escribà, Foix de Sarrià, Hofmann, Bubó, Canal, Turris o La Farga saben cómo conquistarte para siempre.

30. Empaparse de la primera labor de Picasso y de marcha sorprenderse de la amplitud y solidez de los palacios medievales en el Museo Picasso.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201431/sagrada_familia_6904_630x.jpg Quedarse anonadado en el interno de la Sagrada Familia

Corbis

31. Reservar mesa con mucha anticipación para disfrutar de las experiencias gastronómicas únicas del Tickets, de su vástago preferido el 41º o del Dos Cielos.

32. Experimentar la estrechez de vivir en un gueto recorriendo las calles del call en el corazón del gótico.

33. Rememora el pogromo que en 1391 acabó con su demografía judía a base de conversiones forzosas y matanzas.

34. Reivindicar la metrópoli más underground, más inclasificable, menos domesticable, menos pos’t guapa, más lToni Rovira y túr en El esquina del artista, en O’ Barquiño o colándote en el Kentucky a horas intempestivas.

35. Tomar de pie una cazalla en el Cazalla de Arc del Teatre. Sobrevivir.

36. Pensar en lo moderno y eterno que sigue siendo el labor de Mies van der Rohe en la nave alemán de la exposición mundial de 1929.

37. Hacer una itinerario literaria a tu medida: por modelo , recorrer toda la metrópoli con La metrópoli de los prodigios de Eduardo Mendoza.

38. O el Borne con La catedral del océano de Idelfons Falcones.

39. O la vía Aribau con Nada.

40. O Bellvitge con Los mares del sur de Vázquez Montalbán.

41. O el Carmel con Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé.

42. O (el exterior) de la prisión prototipo con escape en la prototipo de Makoki.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201431/tickets_3239_630x.jpg Darse un homenaje en alguno de los restaurantes condales

Tickets

43. Botar como un demente rodeado de guiris vestidos espléndidamente bien y espléndidamente mal en el Primavera Sound y en el Sonar.

44. Recordar los tiempos de canotier y polisón subiendo al Tramvía Blau, el tranvía de los señoritos de la área alta de antaño (como los ferrocatas de entonces).

45. Constatar que el barrio chino de Joan Colom, de Makinavaja o de Jean Genet sigue existiendo en la vía Robadors y aledaños.

46. Sumergirte en las entrañas de la montaña de Montjuïc visitando el hospicio antiaéreo de la conflicto Civil del Poble Sec.

47. Sobrecogerte con la copia del ruido de las alarmas y los bombardeos.

48. Esquivar skaters en la plaza del Macba.

49. Hacerte con un skate y unirte a ellos.

50. Esquivar turistas por la Rambla.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201421/el_once_canalla_barcelona_de_primavera_sound_9769_630x.jpg El Once Canalla: Barcelona de Primavera (Sound)

Dani Cantó

51. Sacar tu vanidad de clase turista y sentarte en una terraza con una jarro de sangría o sacarle unas fotos a las estatuas vivientes de la fragmento caída de la Rambla, a los pies de Colón.

52. Visitar la reconstrucción del pabellón de la Segunda República para la exposición de París de 1937 e imaginarte el choque de ver allí el Guernica por primera vez.

53. Ojiplatar como un niño ante el huevo mantenido en equilibrio en el chorro de una surtidor que es l’ou com balla.

54. Ver el océano ntan próximo, tan lejos- reflejado en los espejos invertidos que hay en el patio del CCCB.

55. Cruzar la rambla del Raval pensando que es la mejor metáfora dable de Barcelona: proyectos urbanísticos llenos de polémica, bolsas de miseria conviviendo con restaurantes maravillosos, hoteles de esplender, sitios cutres, toneladas de historia, edificios oficiales como revulsivo y una vida propia que ni el ayuntamiento ni ninguna institución es competente de controlar.

56. Sorprenderse ante una de las ciudades romanas mejor conservadas de Europa en el museo de Historia de la Ciutat en la plaza del Rei.

57. Rodar (en bici o en patines) sobre la faz más marítima de Barcelona recorriendo la costa desde el Hotel W hasta la playa de la Marbella.

58. Pensar en lo nuevo que son esos paseos e imaginar la área del Somorrostro cuando estaba llena de chabolas, los desaparecidos chiringuitos (todavía presentes en fotografía en el club Electricidad) o la orografía de la costa cuando algunas playas sólo eran un sueño preolímpico.

59. Recorrer los soportales de la Plaza imperial con alguna de las siguientes actividades: evocando la recuerdo de la tienda del taxidermista, haciendo cola para el Sidecar, en la terraza del Ocaña o subiendo al Pipas Club.

60. Visitar los pabellones modernistas del Hospital de Sant Pau intentando que no sea por algún causa médico importante.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201421/ocana_964_630x.jpg Ocaña, una terraza para vivirla a pie de calle

Ocaña

61. Recorrer calle Laietana contando bancos sin olvidar que las grandes intervenciones en el sitio urbano son una objeto ya clásica.

62. Asistir a alguna cometido teatral. De los teatros de primer nivel del centro o del carrer Lleida a las más humildes salas underground, Barcelona tiene propuestas sobre las tablas para todos los gustos.

63. Cruzarse con los mossos y la policía en la Plaza de Sant Jaume, en el equilibrio de fuerzas entre la Generalitat y el Ayuntamiento.

64. Visitarlos por en el interior y recordar cuando allí se proclamó la República en 1931.

65. Localizar la faz de piedra del carrer Carabassa y pensar si correspondían en realidad a señalizaciones de los burdeles.

66. Curiosear, comprar y comer en algún mercado. No hay que quedarse en la Boquería: Santa Caterina, Sant Antoni en obras, el Ninot o la Abacería céntrico hacen guiñitos al amante de las grandes acumulaciones de comestibles.

67. Maravillarse ante las columnas romanas del templo de Augusto, escondidas en el Centro Excursionista del carrer Paradís.

68. Encontrar todavía muchos yugos y flechas (no los de los Reyes Católicos, los franquistas) en edificios de viviendas.

69. Elegir tu ornamentación de vía predilecta en las fiestas de Gràcia. Reciclaje, representación mental y kitsch tomando las calles en la más esperada conmemoración del agosto urbano.

70. Encontrar resquicios del pasado industrial de la metrópoli en La Espanya Industrial, el Poble Nou, La factoría de Ricardo Bofill, el Caixa Forum o en las Tres chimeneas del Paralel.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201412/la_primavera_la_playa_altera_8889_630x.jpg La primavera, la playa altera

Corbis

71. Localizar el torno de la vivienda de la caridad en la que se abandonaban a los bebés no deseados en la plaza de Vicenç Martorell.

72. Organizar un picnic jipioso en la Ciudadela entre sobrevivientes del primer gran evento total de la ciudad: la exposición mundial de 1898.

73. Entrar en el edificio neogótico de la Universidad (en la plaza del mismo nombre) y embelesarse en sus jardines.

74. Rendir impuesto a los modernistas tomando el menú del día del muy rusiñolano Els Quatre Gats.

75. Rendir impuesto a la gauche divine tomando una tortilla o una hamburguesa envuelto en la ornamentación más-pop-imposible de las paredes del Flash Flash.

76. Bañarse en el Mediterráneo. Aunque sólo sea para quejarse de lo sucia que está el agua y lo atestada que está la tierra (que no lo está tanto).

77. Comprar una cerveza-beer a un latero en Ciutat Vella y que la saque, bien fresquita y apetitosa, de una alcantarilla.

78. Visitar el camposanto de Montjuïc, donde los muertos disfrutan de unas vistas envidiables.

79. Ir de compras como si no hubiera un mañana, los bolsillos más boyantes por Paseo de Gràcia, los vintage por Riera Baixa y los mainstream por Portal del Àngel.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201308/flash_flash_3696_630x.jpg El blanco interno de Flash Flash.

Flash Flash

80. Descubrir el penúltimo barrio de moda: Sant Antoni in corriente y todo lo que orbite en torno a la vía Parlament en característico.

81. Pegar la frente a los portales del Eixample que estén cerrados buscando curvas y flores modernistas en su interno.

82. Sobrecogerse ante las paredes heridas de metralla de los bombardeos de la conflicto Civil (sí, de nuevo) de la plaza de Sant Felipe Neri.

83. Visitar la plaza de Glòries antes de las obras que la transformen decididamente (o no).

84. único de los iconos del skyline coetáneo, la torre Agbar, permanecerá tal cual.

85. Contemplar la lumbre del fossar de les moreres, en honor de los caídos de otro 11 de septiembre (el de 1714) para la Historia.

86. Conocer los tres Quimets históricos: aperitivear en el Quimet i Quimet del Poble Sec, otro mucho en el de Gràcia y flipar con los bocadillos del Quimet de Horta.

87. Tomarte un cacaolat en el paraje donde se inventó: la granja Viader.

88. Disfrutar de las vistas inacabables de la metrópoli en una metrópoli abundante de buenas vistas. Desde el Tibidabo, desde Montjuic, o desde alguna de las terrazas de hoteles más molonas y elegantes (el W, el Arts, el Mandarín, el DO, el 1898, el Meliá Sky, el Barceló Raval, el Clarís, el Grand Hotel céntrico, el Majestic…).

89. Recorrer las Barcelonas históricas posibles que el poder jamás reinvindicará en un impreso turístico: la Jamància que atacó la odiada Ciutadella, las primigenias revueltas obreras en la vía Tallers, el anarquismo de la bomba del Liceu, la semana trágica de 1909 que quemó conventos y levantó barricadas por toda la metrópoli, los escenarios del movimiento okupa que sobreviven por toda la ciudadh

90. Perderse horas en la librería en un cartuja desacralizado en La céntrico del Raval.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201307/torre_agbar__6514_630x.jpg Un ‘gherkin’ a la barcelonesa para despedir el año.

Corbis

91. Quedar con alguien en el Zurich de Plaza Catalunya, una costumbre al nivel de beber de la surtidor de Canaletas.

92. Recorrer todas las plazas del barrio de Gràcia hasta dar con la predilecta. De la Virreina al Raspall, hay un impresionante mundo de posibilidades.

93. Unirse a alguno de los grupos que bailan sardana los fines de semana en la Plaza de la Catedral o de Sant Jaume. O mirarlos desde una alejamiento prudencial.

94. Cantar, según las circunstancias, ‘Barcelona’, ‘El Cadillac solitario’, ‘Barcelona i jo’, ‘Amigos para siempre’, ‘La Rumba de Barcelona’, ‘La Font del gat’ o ‘Senegal me agarra’.

95. Empaparse del entorno anterior a un roto de fútbol en los aledaños del Camp Nou, perdiendo la abalorio de las camisetas de Messi. Cuidado, depende la hora la objeto puede ponerse un poco Todo sobre mi madre.

96. Ir un domingo por la mañana al mercat de Sant Antoni a intercambiar cromos o curiosear entre libros y revistas de viejo.

97. Elaborar tu propia lista de restaurantes favoritos visitando alguno de los que ya hemos hablado aquí. Tener los ojos muy abiertos; la escena culinaria, a varios niveles, da un poco de vértigo. Si no se quiere ni intentar estar a la última, visítese perro Culleretes y el 7 portes, los restaurantes más antiguos de la metrópoli que gozan de tan buena salud como cualquiera de los recién llegados.

98. Seguir el trazado de las murallas en torno a la catedral o en la fragmento caída del Paralel.

99. Pensar en la expansión brutal que vivió la metrópoli cuando decidió derrocarlas.

100. Decir lBarcelona es una metrópoli muy cosmopolitar en ámbito de un concierto colmado de hindúes o paquistaníes en las fiestas del Raval.

101. Enmudecer de deslumbramiento ante la hermosura en algunos puntos al azar: los Jardinets de Gràcia, plaza de Espanya al crepúsculo con las luces del Mnac encendiéndose, el paseo náutico en invierno con poca personas, el intersección de paseo de Sant Joan con Diagonal, llegar a Allada Vermell, bajar Enric Granados, la metrópoli vista desde el cielo cuando los aviones hacen esa curva para aterrizar. Quedarse sin aliento.

102. Elegir tu mansión predilecta (ocupada por una clínica, un consulado o un colegio) de Avenida del Tibidabo.

103. Evocar los tiempos (muy muy lejanos) en los que el Raval era una área de descampados, huertos y solares extramuros en la iglesia de Sant Pau del Camp.

104. Hacer vida de barrio: del centro a la periferia, de Hostafrancs a Sant Martí, de la Barceloneta a Horta, sentarse en una terraza y contemplar la vida en ebullición, donde el concepto lsin adulterarr queda desterrado porque todo es un fascinante transformación tenaz que indica que la metrópoli está viva. Pese a lo malvado, pese a todos, pese a sí misma, Barcelona.

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http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201405/la_rambla_barcelona_5341_1200x.jpg La Rambla (Barcelona)

Corbis

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