10 casas de escritores en París

La lista podría ente inacabable, pero seleccionamos diez de las más representativas viviendas de escritores de París en un itinerario de varios siglos, estilos y peripecias.

10 casas de escritores en París

Museo Carnavalet:

Se da la chanante circunstancia de que el hoy museo de historia de París fue además el lar de una de sus mejores cronistas, Madame de Sevigné, que pasó allí los últimos veinte años de su vida. investigador casi involuntaria, también, porque la marquesa de Sevigné pretendía fundamentalmente divertir a su hija con las cartas en las que narraba todos los entresijos y cotilleos de la tajo de Luis XIV, iluminando con más gracia que los narradores oficiales el narración de su período. Todavía pueden encontrarse objetos de la marquesa y algunos de los más famosos cuadros que la retratan, aunque la visita al Carnavalet es una de las más recomendables de la metrópoli independientemente de quién viviera en sus preciosos salones.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201144/museo_carnavalet_9773_630x.jpg Museo Carnavalet

Corbis

Maison de Balzac:

En el barrio de Passy encontramos una casita con jardín y portalón que nos traslada directamente al centuria XIX. Aquí se instaló Balzac en 1840 cuando la área todavía era un pueblecito, antes de la anexión a París. La visita es una gozada para los fans de orondo bigotudo: el jardín es prácticamente el mismo por el que paseaba el escritor con su costumbre de monje, y en el edificio se conservan cartas, originales, dibujos y reliquias como el bastón enjoyado o el escritorio en el que compuso toda su labor (de un cuantioso que haría sonrojar a los escritores más perezosos) con la sistencia de litros de café.

Para los admiradores de ese monumental fresco de su periodo que es La farsa humana, se exhiben las placas tipográficas con los dibujos de los personajes de las novelas que la componen, de Papá Goriot a Eugenia Grandet, pasando por los menos famosos, todos con su genealogía cuidadosamente explicada e incluso con blasones nobiliarios. Que el atractivo de la vivienda no nos engañe: Balzac no nadaba en la cantidad y durante los siete años que vivió aquí lo hizo en cinco habitaciones alquiladas (el residuo del edificio tenía otros inquilinos). La costumbre dice que de acto para huir de sus acreedores, esa tenaz en la vida de los escritores clásicos, usaba muy a menudo la inicio trasera de la propiedad que daba a la vía Berton. Merece la tristeza emular sus pasos porque la vía milagrosamente se conserva empedrada y casi rural como en la periodo de Balzac.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201346/la_casa_de_balzac_7297_630x.jpg La vivienda de Balzac

Corbis

Museo de la Vida Romántica:

Este museo tiene emboscada porque pese a estar dedicado a George Sand (una de las muchas escritoras que tuvo que ponerse un nombre varonil para publicar) no fue jamás su vivienda (había que ir al Castillo de Nohant o incluso a la convento de Valldemosa, escenario de un retiro invernal junto a Chopin). El hermoso edificio perteneció a Ary Sheffer, pintor de principios del XIX que compartió sus salones y su amparo con la escritora y con algunos de los pintores, escritores y músicos más relevantes de su periodo . Hoy es una visita perfecta para los enamorados de la periodo , con muebles, recuerdos de la escritora, exposiciones temáticas y un jardín de esos en los que quedarse ensimismado en ensoñaciones románticas o incluso neoclásicas.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201346/el_jardin_del_museo_de_la_vida_romantica_138_630x.jpg El jardín del Museo de la Vida Romántica

Corbis

Casa de Víctor Hugo en la plaza de los Vosgos:

La plaza más regia y cuadrangular del Marais alberga la casa-museo de único de los nombres más famosos del XIX. El escritor se mudó al segundo apartamento del Hôtel de Rohan-Guéménée en la que entonces era aún la plaza Royale, y aquí empezó a redactar nentre otras obras- Los Miserables. La visita a la casa está llena de muebles originales, primeras ediciones de sus obras y decoraciones que muestran la influencia del orientalismo en Europa a finales del XIX. Cuando se retiene el referencia de que el museo fue abierto en 1903, menos de 20 años después de la defunción de Victor Hugo, se comprende que era más que un escritor para los franceses, era un emblema y un vanidad de identificación patrio extremadamente popular.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201346/la_casa_de_victor_hugo_7746_630x.jpg La vivienda de Victor Hugo

Corbis

Entramos en el centuria XX y en la primera progenie de escritores no franceses que fueron a París porque era el lugar en el que había que estar. La progenie perdida hizo de la metrópoli su campo de pruebas, fueron los primeros fetichistas en peregrinar a ella y marcaron el camino, tal vez sin saberlo, de muchos escritores que en el porvenir viajarían allí para emular sus trayectorias. Esta es una itinerario que no recorre casas-museos, sino placas en edificios que recuerdan que en el pasado fueron el lar de un genio. Hay que echarle un poco de representación mental para completar la práctica .

La vivienda de Gertrude Stein en el 27 de la rue de Fleurus:

Esta es una de esas direcciones capitales en el mundo artístico del centuria XX. Al manera de los salones de tertulia de la periodo de Luis XIV, Gertrude Stein reunió a su cernaía una pléyade de pintores, escritores y artistas a los que ella protegía y estimulaba. Stein y su pareja Alice B. Toklas (que entretenía a las mujeres de los artistas, siempre perfectamente apartadas y relegadas a otro salón) fueron el vínculo corriente de la gestación de único de las escenas culturales más efervescentes de la historia. Si algún apartamento anónimo de la metrópoli pide a gritos reconvertirse en museo, con obras de Picasso, Matisse y Braque en las paredes, debería ente este.

La vivienda de Hemingway en el 74 de la Rue du Cardinal Lemoine:

lÉramos muy pobre y felicesr, así describe Hemingway los días que pasó durante los años 20 en París con su primera esposa y su vástago recién nacido. París era una jarana hizo casi mucho por la metrópoli en Estados Unidos como jarana haría por los Sanfermines, y desde entonces generaciones de lectores recorren la Shakespeare todo siempre ha sido mejor antesr, y de que ya en el París de los años 20 había melancolía por el de la Belle Epoque (algo que contó espléndidamente Woody Allen en Midnight in Paris). Y como no podía ente de otra forma, hoy además es dable seguir la itinerario de Vila Matas en París, que es fundamentalmente un peregrinar por los lugares en los que otros escritores sufrieron, disfrutaron y escribieron antes que él.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201202/el_siempre_bullicioso_barrio_latino_4491_630x.jpg El siempre bullicioso Barrio Latino

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Apartamento de Vargas Llosa en el 17 de la Rue Tournon:

La primera casa de Vargas Llosa después de peregrinar por varios hoteles (como el Hotel Wetter) fue un pequeño pisito en la vía Tournon, al costado del mausoleo. Aquí terminaría varias de sus primeras obras y, según él mismo dice, se convertiría en escritor. mártir además en su día del maleficio de la metrópoli (y mártir de una beca prometida que finalmente no obtuvo) y otro admirador más de los templos de escritores famosos, hoy Vargas Llosa tiene su propia itinerario por el barrio de Saint Sulpice, que evoca unos años (finales de los cincuenta y principios de los sesenta) en los que era sencillo encontrarse con iconos culturales de primer orden por las calles.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201241/saint_sulpice_3587_630x.jpg Saint Sulpice

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La vivienda de los Fitzgerald en el 58 de la rue de Vaugirard:

Otro epítome de la progenie perdida que vivían no pobres pero probablemente muy tempestuosamente a un marcha de los jardines de Luxemburgo. Su primera casa en la metrópoli, en 1925, tan distinguido y cómoda como esta, estaba enel 14 de la rue de Tilstitt, donde ya mantenían alguna de las legendarias broncasen las que Zelda le recriminaba a Scott el escaso dimensión de su falo, por lo que él, contrito y preocupado, acudía a la opinión de Hemingway, que le tranquilizaba diciéndole que su falo tenía un dimensión perfectamente corriente y que su esposa era una zorra. Este es el tipo de episodios que conviene evocar cuando se pasea por estas calles.Puede que fueran sólo un invento de escritores, pero enriquecen cualquier visita.

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